ANCAP: LA USURA MONOPÓLICA
“ANCAP: LA USURA MONOPÓLICA”
El tema de la privatización es un tema complejo de tocar para determinados sectores de nuestro país, principalmente aquéllos más progresistas.
Cuando se habla de desmonopolización, ponen el grito en el cielo augurando una catástrofe en nuestras empresas públicas, no sólo financieras si no también de patrimonio y queriendo hacer creer que todo lo nuestro va a ser extranjero.
Eso no es más que una vieja falacia que usan para mantener la llama encendida. Los principales defensores de los monopolios, son, ni más ni menos, que los sindicatos, y Fancap juega un rol fundamental en todo esto. Usan la consigna “No privatización de Ancap” como caballito de batalla ya que ahí están sus principales ingresos y para muestra basta un botón.
En Ancap no sólo hay un botón de muestra, si no que tenemos 14 botones que no trabajan, por horas sindicales y eso le cuesta al estado uruguayo US$1 millón de dólares por año. Indudablemente no es una lucha en favor de los intereses del país, si no que es una lucha férrea a sus propios intereses.
Todo comenzó en el segundo gobierno batllista, el cual creó y llevó a cabo un periplo monopólico en el cual hoy estamos inmersos.
La west India (Filial de Esso) y la Estándar Oil (Grupo Rockefeller) fueron beneficiadas con la política de extranjerización de Batlle y ellos lograron acaparar los abastecimientos de combustibles. La compañía Uruguaya de Cemento Portland (Filial Lone Star) monopolizó ese sector productivo. Pero no voy a seguir hablando de otras empresas públicas ya que nuestro foco está puesto en Ancap.
El sociólogo Alemán Max Weber, definió el poder como oportunidad de imponer la voluntad del poderoso, incluso frente a los que se oponen.
Sabemos que la competencia reduce a un nivel mínimo el poder económico, social y político y esto sucede porque la competencia descentraliza y cuestiona al poder.
A mi entender el Estado no debe ser actor y árbitro a la vez. Vemos que la posición dominante que tiene Ancap en el mercado le permite incidir en todos los sentidos, frecuentemente lo vemos en cómo deciden el precio de venta de los combustibles que les permite obtener un beneficio máximo, sin importar el prejuicio que le genera a pequeños y medianos productores. También genera un perjuicio a un simple ciudadano que tiene que pagar una de las naftas más caras del continente y me atrevería a decir del mundo.
Sabemos que para generar un cambio en la ciudadanía, que sigue pensando que los monopolios son buenos y particularmente el de Ancap, no sólo basta una reflexión sobre los beneficios de la libre importación, debemos mostrar los perjuicios de seguir manteniendo ese monopolio que ya lleva 90 años de existencia.
Tenemos un ejemplo cercano y es Antel que tuvo que salir a competir y adaptar sus estrategias para poder hacerle frente a dos multinacionales.
Hoy podemos decir que la única desventaja que tuvo en su momento fueron los costos de pasar de acaparar todo el mercado a tener que adaptarse para competir. Sin una competencia los productores y ciudadanos nos vemos forzados a continuar pagando combustibles más caros y eso no sólo tiene un impacto a nivel productivo, sino que también a nivel individual ya que la cadena de producción se encarece más, reduciendo la capacidad de compra y eso trae aparejado un menor consumo.
En parte los monopolios como ANCAP y las restricciones a las competencias impiden mejorar la calidad y el nivel de vida de los Uruguayos. También impiden la innovación.
Por más que se diga que ANCAP dedica muchos recursos a la investigación y que tuvo productos exitosos, sabemos que no es así.
Tenemos las pérdidas en ALUR ya que un 30% de los productos derivados de la caña de azúcar no están en rango aceptable de rendimiento.
Portland: desde el 2005 a la fecha tuvo pérdidas arriba de los US$500 millones de dólares acumulados.
La Compañía ANCAP de Bebidas Alcohólicas (CABA) la cerraron en el 2018, debido a balances anuales negativos a partir del 2014. Entre otras inversiones ya conocidas que hasta el día de hoy seguimos pagando.
Los resultados de las inversiones e innovación fueron un fracaso rotundo y esto no sólo se debe a una mala administración sino que también a las restricciones a la competencia ya que reduce el estímulo a inventar nuevos productos, aplicar nuevos procesos y a mejorar los procesos de producción ya existentes.
Muchos actores políticos, sindicatos y ciudadanos quieren hacernos creer que el monopolio de ANCAP tiene sentido todavía, después de 90 años de los cuales fueron más las pérdidas que las ganancias. Pero a las claras está que ya no tiene sentido alguno en la mayoría de los casos, por eso la competencia tiene que ser prioridad para así lograr un mejor producto a un precio razonable.
Los monopolios siempre metieron la mano en el mercado negando la competencia para atacar la libertad de poder elegir. Por eso queremos defender nuestra libertad y eso requiere que se proteja y mantenga a la competencia.
¡Porque la competencia tiene que ser la norma y el monopolio la excepción!
Rodrigo Costa
Dirigente de Unión Blanca Republicana.

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